Domingo IV de Adviento
20/12/2009 |
Texto bíblico
Lc 1,34-45
Anunciar que Dios Salva
Para entender la vida de la Virgen María la clave última de su vida pertenece al corazón de Dios uno y trino. Para percibirlo basta abrir las Escrituras y comprender lo que Dios tiene entre sus manos.
Jeremías remitía su vocación de adulto a su elección desde el seno materno (Jr 1, 5). En María se cumplen paradigmáticamente las palabras de Pablo: "A los que escogió de antemano los destinó a producir la imagen de su Hijo, de modo que fuera él el primogénito de muchos hermanos. A los que había destinado los llamó, a los que llamó justificó, a los justificados glorificó" (Rm 8, 29-30).
Bajo la iniciativa salvadora de Dios en Cristo, María es preparada para su misión única, elegida, justificada por gracia, glorificada por la Luz del Hijo.
Educada por la Palabra.
María fue educada en la fe de sus padres. La vida entera de una israelita estaba configurada por su tradición religiosa: memoria de su identidad como pueblo.
Nos preguntamos, ¿Qué sentía María cuando recitaba el "Escucha Israel" (Dt 6), la oración que acompañaba su corazón y su vida ordinaria?
"Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno.
Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón,
con toda tu alma, con todas tus fuerzas"
Allí, en su corazón, conectaban la Palabra de la Torah y su identidad personal más íntima, una mujer que escucha. Esta escucha en ella es lo más natural del mundo, es fuente de su ser.
P. Fernando Bascopé SDB
pastoralceb@iglesia.org.bo
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